miércoles, 20 de agosto de 2014

LA INCONSECUENCIA DE POLITICOS Y SUS CONSECUENCIAS

Eduardo Urbina M.
Abogado
Integrante de Comité Ciudadano de Amplitud

            Recuerdo una mañana de sábado, a mediados de los años 80, hoy tan recordados, haber participado en una mesa redonda sobre el tema Derechos Humanos en el Centro de Estudios del Desarrollo (CED), en representación de la entonces Juventud de Unión Nacional, donde reconocí las preocupaciones y cargas que el tema nos significaban y exprese el compromiso del movimiento con su irrestricto respeto.

            Entre la audiencia estaba José Antonio Viera Gallo, a quien recordaba en una foto periodística de 1973 encaramado en un poste frente a la Corte Suprema, declamando toda suerte de diatribas en contra de la llamada justicia burguesa. Debo reconocer que, dado el recuerdo de esa actitud revolucionaria, retribuí con aprehensiones su amable saludo. Al conversar de inmediato sentí su cambio y la real autenticidad de su sentimiento democrático.

            Sin duda el país entero también percibió el cambio y mea culpa que hicieron todos aquellos que sembraron vientos en los años 60 y 70 y después cosecharon la tormenta posterior. Como también ha valorado a quienes han reconocido sus omisiones durante el Gobierno Militar en materia de derechos humanos.

            Creo que también se valora distinto y mejor al que asume su postura y la mantiene hasta el fin pese a los cambios de vientos, porque son lobos que no se esconden bajo pieles de oveja, y son auténticos y no hipócritas, falsos y cambiantes. El ex Diputado Alinco nunca negó los pintorescos hechos con que hizo noticia, a diferencia de otro que se le ocurrió pasar como accidente laboral un accidentado paseo en moto de nieve.

            Creo que todos, en especial los modestos y humildes ciudadanos, perciben, valoran y aprecian la consecuencia y calidad humana del que reconoce errores, enmienda pensamientos y conductas; o del que asume sus obras y pone el pecho, siendo consecuente, y no cambia de colores y posiciones según convenga a sus intereses. O sea aquellos que tienen una sola vara o regla de valores y principios para medir las conductas propias y ajenas.

            Lamentablemente en política la consecuencia se da muy poco, como si reconocer haber tenido una posición o pensamiento equivocado fuese una condena o error grave. Pero la gente y prensa, mas aún hoy en día con los archivos digitales, tiene mucha memoria, y ello explica la desconfianza y repudio a quienes ven la paja en el ojo ajeno, pero no la vara en el propio; y a quienes un día critican algo pero al siguiente callan si les conviene.

            No puedo dejar de dar ejemplos clásicos de inconsecuencias políticas, como los que cuando eran oposición a Pinochet criticaban el presidencialismo romano de la Constitución, pero después cuando fueron presidentes, no disminuyeron ninguna de sus facultades; otros podrían agregar que los mismos que criticaron todo el sistema económico de los “Chicago Boys”, luego lo asumieron felices e incluso lo perfeccionaron o extremaron.

            Cabe recordar cuando se supo sobre los depósitos en el Banco Riggs la imagen de Pinochet quedo reducida a unos pocos fieles.

            En todos lados hay ejemplos, y muchos recientes, como aquel senador que critico ácidamente el proyecto del cambio del binominal que RN y la DC levantaron el 2012, pero que hoy reclama al Gobierno de Piñera por no haberlo apoyado. También es complicado criticar situaciones de derechos humanos en otros países, cuando aún no se han hecho mea culpa profundos de lo ocurrido en Chile.

            Capitulo aparte merecen todos aquellos que siendo gobierno aplicaron la ley antiterrorista, para después en la oposición criticar su aplicación; y hoy nuevamente en el gobierno vuelven a recurrir a ella. O los que no dudaron en acusar montajes en los casos de anarquistas acusados de poner bombas, pero hoy ajustan su posición porque ya no les conviene. O la Alcaldesa, que cuando era candidata apoyaba las tomas de liceos e ignoraba sus consiguientes destrozos, pero después de asumida las rechazaba.

            Piñera no tuvo un Gobierno fácil, porque todo lo que sirviera fue utilizado para hacer oposición, aunque ello significara hacer vista gorda de anarquistas, tomas estudiantiles, extremistas amparados en la legitima causa mapuche y jueces dictando sentencias insólitas cuando fue posteriormente escupido. Fue lamentable que el fin justificara semejantes medios.

            La lista puede ser muy larga, porque los techos de vidrio abundan en todos los lados, pero no por ello puede validarse ni callarse la inconsecuencia. House of Cards no es  solo la realidad norteamericana, sino que también nos refleja

            Más aún, cuando hoy tenemos un nuevo hito histórico de inconsecuencia política, lamentablemente escrito por figuras juveniles incorporadas recientemente al parlamento; (que cabe esperar para mas adelante), cuya fama y “prestigio” se construyo en la defensa de los derechos estudiantiles, denostando el lucro en las universidades y la mala calidad de la educación, pero hoy con absoluta y grosera inconsecuencia rechazan, se abstienen y se ausentan cuando se vota crear una Comisión Investigadora en la Cámara de Diputados que investigue los graves hechos denunciados en la Universidad Arcis y que involucran gravemente al Partido Comunista.

            Asi se explican las cifras de la CEP de desprestigio del parlamento, de la escasa valoración e interés por la política y de que todos -moros y cristianos- sean vistos como de la peor calaña, lo cual es pésimo porque no todos son asi, y porque necesitamos una política honesta, consecuente y sincera.

            Sin duda cabe iniciar un combate a la inconsecuencia. Ello obligara a que los políticos no hagan oposiciones insensatas, populistas, y efectistas; A que asuman lo que han dicho y hecho anteriormente, y no saquen barata levantar cualquier bandera, o vivir en un eterno zigzag de posturas según sea la coyuntura política.

            Hay que despreciar a los oportunistas, hipócritas y aprovechadores e inconsecuentes. Queremos políticos auténticos y no solo guiados por encuestas, marketing, posibles votos y para los que el fin a lograr justifica utilizar todos los medios.

            Basta de políticos que vean a los ciudadanos solo como votos, que se conquistan con marketing, sonrisas falsas, promesas falsas, vacías y que se olvidan rápido.

            Bien por las legitimas posiciones ideológicas, visiones de la sociedad y posturas contingentes. Bien por los cambios de posturas sinceros y asumidos. Bien por servidores públicos reales y auténticos.


20 Agosto 2014.