Eduardo Urbina M.
Abogado
Integrante de Comité Ciudadano de Amplitud
Recuerdo una
mañana de sábado, a mediados de los años 80, hoy tan recordados, haber
participado en una mesa redonda sobre el tema Derechos Humanos en el Centro de
Estudios del Desarrollo (CED), en representación de la entonces Juventud de
Unión Nacional, donde reconocí las preocupaciones y cargas que el tema nos
significaban y exprese el compromiso del movimiento con su irrestricto respeto.
Entre la
audiencia estaba José Antonio Viera Gallo, a quien recordaba en una foto
periodística de 1973 encaramado en un poste frente a la Corte Suprema,
declamando toda suerte de diatribas en contra de la llamada justicia burguesa.
Debo reconocer que, dado el recuerdo de esa actitud revolucionaria, retribuí
con aprehensiones su amable saludo. Al conversar de inmediato sentí su cambio y
la real autenticidad de su sentimiento democrático.
Sin duda el país
entero también percibió el cambio y mea culpa que hicieron todos aquellos que
sembraron vientos en los años 60 y 70 y después cosecharon la tormenta
posterior. Como también ha valorado a quienes han reconocido sus omisiones
durante el Gobierno Militar en materia de derechos humanos.
Creo que también
se valora distinto y mejor al que asume su postura y la mantiene hasta el fin
pese a los cambios de vientos, porque son lobos que no se esconden bajo pieles
de oveja, y son auténticos y no hipócritas, falsos y cambiantes. El ex Diputado
Alinco nunca negó los pintorescos hechos con que hizo noticia, a diferencia de
otro que se le ocurrió pasar como accidente laboral un accidentado paseo en
moto de nieve.
Creo que todos,
en especial los modestos y humildes ciudadanos, perciben, valoran y aprecian la
consecuencia y calidad humana del que reconoce errores, enmienda pensamientos y
conductas; o del que asume sus obras y pone el pecho, siendo consecuente, y no
cambia de colores y posiciones según convenga a sus intereses. O sea aquellos
que tienen una sola vara o regla de valores y principios para medir las
conductas propias y ajenas.
Lamentablemente
en política la consecuencia se da muy poco, como si reconocer haber tenido una
posición o pensamiento equivocado fuese una condena o error grave. Pero la
gente y prensa, mas aún hoy en día con los archivos digitales, tiene mucha
memoria, y ello explica la desconfianza y repudio a quienes ven la paja en el
ojo ajeno, pero no la vara en el propio; y a quienes un día critican algo pero
al siguiente callan si les conviene.
No puedo dejar de
dar ejemplos clásicos de inconsecuencias políticas, como los que cuando eran
oposición a Pinochet criticaban el presidencialismo romano de la Constitución,
pero después cuando fueron presidentes, no disminuyeron ninguna de sus facultades;
otros podrían agregar que los mismos que criticaron todo el sistema económico
de los “Chicago Boys”, luego lo asumieron felices e incluso lo perfeccionaron o
extremaron.
Cabe recordar
cuando se supo sobre los depósitos en el Banco Riggs la imagen de Pinochet
quedo reducida a unos pocos fieles.
En todos lados
hay ejemplos, y muchos recientes, como aquel senador que critico ácidamente el
proyecto del cambio del binominal que RN y la DC levantaron el 2012, pero que
hoy reclama al Gobierno de Piñera por no haberlo apoyado. También es complicado
criticar situaciones de derechos humanos en otros países, cuando aún no se han
hecho mea culpa profundos de lo ocurrido en Chile.
Capitulo aparte
merecen todos aquellos que siendo gobierno aplicaron la ley antiterrorista,
para después en la oposición criticar su aplicación; y hoy nuevamente en el
gobierno vuelven a recurrir a ella. O los que no dudaron en acusar montajes en
los casos de anarquistas acusados de poner bombas, pero hoy ajustan su posición
porque ya no les conviene. O la Alcaldesa, que cuando era candidata apoyaba las
tomas de liceos e ignoraba sus consiguientes destrozos, pero después de asumida
las rechazaba.
Piñera no tuvo un
Gobierno fácil, porque todo lo que sirviera fue utilizado para hacer oposición,
aunque ello significara hacer vista gorda de anarquistas, tomas estudiantiles,
extremistas amparados en la legitima causa mapuche y jueces dictando sentencias
insólitas cuando fue posteriormente escupido. Fue lamentable que el fin
justificara semejantes medios.
La lista puede
ser muy larga, porque los techos de vidrio abundan en todos los lados, pero no
por ello puede validarse ni callarse la inconsecuencia. House of Cards no
es solo la realidad norteamericana, sino
que también nos refleja
Más aún, cuando
hoy tenemos un nuevo hito histórico de inconsecuencia política, lamentablemente
escrito por figuras juveniles incorporadas recientemente al parlamento; (que
cabe esperar para mas adelante), cuya fama y “prestigio” se construyo en la
defensa de los derechos estudiantiles, denostando el lucro en las universidades
y la mala calidad de la educación, pero hoy con absoluta y grosera
inconsecuencia rechazan, se abstienen y se ausentan cuando se vota crear una
Comisión Investigadora en la Cámara de Diputados que investigue los graves
hechos denunciados en la Universidad Arcis y que involucran gravemente al
Partido Comunista.
Asi se explican
las cifras de la CEP de desprestigio del parlamento, de la escasa valoración e
interés por la política y de que todos -moros y cristianos- sean vistos como de
la peor calaña, lo cual es pésimo porque no todos son asi, y porque necesitamos
una política honesta, consecuente y sincera.
Sin duda cabe
iniciar un combate a la inconsecuencia. Ello obligara a que los políticos no
hagan oposiciones insensatas, populistas, y efectistas; A que asuman lo que han
dicho y hecho anteriormente, y no saquen barata levantar cualquier bandera, o
vivir en un eterno zigzag de posturas según sea la coyuntura política.
Hay que despreciar
a los oportunistas, hipócritas y aprovechadores e inconsecuentes. Queremos
políticos auténticos y no solo guiados por encuestas, marketing, posibles votos
y para los que el fin a lograr justifica utilizar todos los medios.
Basta de
políticos que vean a los ciudadanos solo como votos, que se conquistan con
marketing, sonrisas falsas, promesas falsas, vacías y que se olvidan rápido.
Bien por las
legitimas posiciones ideológicas, visiones de la sociedad y posturas
contingentes. Bien por los cambios de posturas sinceros y asumidos. Bien por
servidores públicos reales y auténticos.
20 Agosto 2014.
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